La estrategia de almacenamiento de energía
Como vimos en el artículo sobre la descarbonización del transporte, para alcanzar los objetivos de reducción de emisiones aprobados por la Unión Europea (al menos, un 55% de reducción de gases de efecto invernadero en el 2030 respecto a los niveles de 1990) resulta imprescindible abordar un ambicioso proceso de electrificación de la economía. Por ejemplo, si el 97% de los vehículos consumen energía de origen fósil, una buena fórmula para reducir el impacto ambiental de este sector es fomentar el vehículo eléctrico, ya que permitiría sustituir los combustibles contaminantes por energía renovable. Sin embargo, teniendo en cuenta que las renovables dependen de recursos que no siempre están disponibles, como la luz solar, es necesaria una estrategia de almacenamiento de energía que garantice el suministro.
El Consejo de Ministros, a propuesta del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) de Rivera, aprobó el pasado 9 de febrero la Estrategia de Almacenamiento Energético. Como aclara en la nota de prensa del ministerio, “los sistemas de almacenamiento energético son clave para garantizar la transición a una economía neutra en emisiones y la efectiva integración de las energías renovables en el sistema, ya que permiten guardar la energía en los momentos en que hay excedente para utilizarla cuando el recurso renovable es escaso o la demanda es elevada”.
Las tecnologías para el almacenamiento de energía
El documento identifica distintas tecnologías de almacenamiento energético. Por su madurez, destacan las centrales hidráulicas de bombeo, instalaciones que permiten almacenar el agua en depósitos a gran altura para luego liberarla y producir así electricidad cuando haya alta demanda. A otra escala, las baterías serán muy relevantes en las aplicaciones relacionadas con la movilidad eléctrica y en el autoconsumo doméstico o industrial, donde, junto a una instalación fotovoltaica, permitirán almacenar la energía sobrante y emplearla cuando no haya recurso disponible.
Respecto a los sistemas de almacenamiento térmico, en estas instalaciones se almacena calor en tanques de sales fundidas a alta temperatura para emplearlo más tarde en la producción de electricidad. Según el MITECO, España cuenta con una posición de liderazgo en esta tecnología y la capacidad de almacenamiento de las centrales termosolares facilitará la gestionabilidad del sistema y reducir los vertidos renovables.
Por último, destaca el hidrógeno verde, una tecnología de la que ya hemos hablado en Ochocontres y que, además de innovadora, permitirá descarbonizar ciertos procesos industriales o sectores del transporte convencional especialmente difíciles de electrificar. España, de hecho, ya aprobó recientemente la Hoja de Ruta del Hidrógeno para favorecer su despliegue.
Las virtudes del almacenamiento
“Estas tecnologías dotan al sistema de flexibilidad y estabilidad, lo capacitan para hacer frente a la variabilidad y a la parcial predictibilidad de las tecnologías renovables y evitan la pérdida de energía limpia cuando existe capacidad para generar más energía renovable de la que se puede consumir, pudiendo emplearla después” resume la nota de prensa del MITECO.
Las tecnologías de almacenamiento de energía tendrán un gran impacto en nuevos nichos de negocio, como el de la movilidad eléctrica o en el sector de la edificación, a través del autoconsumo eléctrico. Es decir, favorecerá la aparición de nuevas soluciones en el sector residencial e industrial, teniendo en este último un especial potencial el autoconsumo con almacenamiento, en la integración energética y en la descarbonización de procesos térmicos.
“Las tecnologías de almacenamiento favorecen el desarrollo de nuevos modelos de negocio como los agregadores independientes o las comunidades de energías renovables, que impulsan el papel activo de los consumidores al permitir su participación directa en la gestión de su energía” añade el texto.
Los detalles de la estrategia
De acuerdo con lo previsto en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), con el objetivo de alcanzar la denominada neutralidad climática antes del 2050, el documento contempla disponer de una capacidad total de 20 GW en el 2030 (contando con los 8,3 GW ya disponibles actualmente) y de cerca de 30 GW para el 2050, contabilizando tanto el almacenamiento a gran escala como el distribuido, aportados por sistemas estacionales y diarios.










