¿Los parques solares destruyen la naturaleza de la zona? La respuesta corta es no

No debería. Un parque solar bien planificado no se levanta sobre un ecosistema rebosante de vida ni lo arrasa: se ubica en terrenos de bajo valor ecológico y, además, incorpora medidas para proteger (y a menudo mejorar) la biodiversidad, la fauna y el suelo. Es una idea muy extendida, pero los datos y los proyectos reales cuentan otra cosa.
De dónde viene la idea
Cuando alguien ve un campo de placas solares, es fácil imaginar que ahí antes había un bosque o una pradera llena de vida arrasados para poner paneles. La percepción es comprensible, pero choca con dos hechos.
El primero es la superficie. Según el IDAE (el instituto de energía del Gobierno), todos los parques solares necesarios para cumplir el objetivo de fotovoltaica en suelo de 2030 en España cabrían en unas 114.000 hectáreas, alrededor del 0,2% del territorio, y pueden situarse en espacios ya transformados: terrenos degradados, industriales o agrícolas de baja calidad ambiental. No hace falta tocar los espacios de valor natural para desplegar la energía solar.
El segundo es cómo se elige el sitio. Un proyecto solar no se coloca «porque sí» en cualquier parcela.
Dónde se construye un parque solar (y dónde no)
La ubicación es lo primero que se estudia. Se priorizan terrenos ya transformados por la actividad humana, suelos agrícolas de bajo rendimiento o parcelas degradadas con escaso valor natural. Las zonas protegidas, los hábitats sensibles y las áreas clave para la fauna quedan descartadas de partida.
Antes de aprobarse, la mayoría de proyectos pasan por una evaluación de impacto ambiental (un análisis oficial que mide cómo afectará la instalación al entorno y qué medidas debe incorporar para compensarlo). No es un trámite voluntario: es un requisito legal.
Y el propio sector se ha dado estándares para hacerlo bien. Desde 2020 existe el Sello de Excelencia en Sostenibilidad de UNEF (la patronal fotovoltaica española), la primera certificación de este tipo diseñada en el mundo. Evalúa, entre otros criterios, la integración ambiental y la protección de la biodiversidad, y ya lo han obtenido más de 70 plantas solares en España.
Cómo se protege (y hasta se mejora) el entorno: el caso de Cap Blanc
La teoría se ve mejor con un ejemplo. Cap Blanc, un proyecto de energía solar fotovoltaica que ha pasado por Fundeen, incorpora un plan ambiental que va bastante más allá de «no molestar»:
• Barrera vegetal perimetral con especies autóctonas. Se planta vegetación nativa alrededor de todo el parque para integrarlo en el paisaje y crear un refugio natural para pequeñas especies de la zona.
• Ovejas en lugar de herbicidas. La vegetación interior se controla con pastoreo de ganado ovino, garantizando un mantenimiento sostenible del terreno sin recurrir a productos químicos.
• Un vallado que deja pasar a los animales. El cerramiento incorpora pasos inferiores de al menos 20 centímetros para permitir el tránsito de fauna silvestre entre ambos lados. Los animales siguen moviéndose como antes, sin que el parque rompa la continuidad ecológica.
• Estructuras que respetan el suelo. Los paneles se fijan con pernos-pilares sin materiales agresivos para el terreno, minimizando el impacto sobre el suelo y favoreciendo que la cubierta vegetal se recupere de forma natural.
El resultado no es un descampado con placas: es una parcela que conserva vegetación autóctona, ganado, fauna en movimiento y un suelo que sigue vivo bajo los paneles. Y no es un caso aislado; muchas plantas solares en España incorporan medidas similares, desde reforestaciones hasta la protección de aves esteparias.
Entonces, ¿un parque solar mejora o empeora la zona?
Depende de cómo se haga, y ahí está la clave. Un proyecto mal planteado puede hacer daño. Uno bien diseñado convive con el territorio e incluso lo enriquece: menos suelo del que se cree, ubicaciones de bajo valor natural y medidas que devuelven biodiversidad, ganado y agricultura al lugar.
Fundeen es la plataforma líder de coinversión sostenible en España, regulada por la CNMV, que permite a cualquier persona invertir desde 500 euros en proyectos sostenibles como los parques de energía solar fotovoltaica. En cada proyecto se publica su información ambiental, así que estas medidas se pueden consultar antes de decidir.
Preguntas frecuentes
¿Los parques solares destruyen la biodiversidad?
No tiene por qué. Bien ubicados y con medidas adecuadas (barreras vegetales, vallados permeables, pastoreo), pueden convivir con la fauna local e incluso crear nuevos refugios y pastos.
¿Cuánto suelo ocupa realmente la energía solar?
Poco. Cumplir el objetivo solar de España para 2030 requeriría en torno al 0,2% del territorio, y en terrenos ya transformados o de bajo valor ambiental.
¿Qué pasa con los animales de la zona?
El objetivo es que puedan seguir moviéndose. Los cerramientos permeables y las medidas de continuidad ecológica permiten que la fauna atraviese la parcela como antes.
¿El terreno se pierde para siempre?
No. Un parque solar es reversible: al final de su vida útil se desmonta y el suelo se recupera. Durante su funcionamiento puede seguir albergando ganado o cultivos compensatorios.
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