Marcas que inspiran: Bolsalea. Entrevista a Marina Moya

Desde Fundeen apostamos por dar visibilidad a esas empresas que, como nosotros, buscan realizar un impacto positivo en las personas y siempre desde un trasfondo sostenible y renovable.
En esta ocasión, contamos con la colaboración de Bolsalea, empresa especializada en la fabricación y distribución de packaging sostenible y personalizado.
¿Cómo nace Bolsalea en 2009 y cuál fue el propósito que os impulsó a apostar por el embalaje sostenible en un momento en el que el plástico era la norma indiscutible en el sector?
Bolsalea nació en 2009 con una idea sencilla: ayudar a los comercios a cuidar su presentación a través de un embalaje más responsable que las bolsas de plástico de un solo uso. Veíamos que una bolsa podía tener mucho más valor que el de transportar una compra: podía hablar de la marca, volver a utilizarse y dar trabajo a personas en el entorno local.
Empezamos por algo muy cotidiano. Todos hemos salido de una tienda con una bolsa en la mano. Nos interesaba lo que había detrás de ese gesto: cómo estaba hecha, quién la había producido y qué iba a pasar con ella después. En un momento en el que el plástico estaba muy presente, queríamos ofrecer otras opciones y dar importancia a esas preguntas.
Hoy seguimos trabajando sobre ellas, ofreciendo bolsas de papel y tela personalizadas y otras soluciones de packaging para empresas.
Vuestros clientes son otras empresas que usan el packaging como carta de presentación de su marca. ¿Cómo conseguís que el embalaje deje de ser un envoltorio invisible y se convierta en una parte activa del mensaje que quieren transmitir?
Una bolsa es uno de los pocos elementos de una marca que sale de la tienda y acompaña al cliente. Por eso merece pensarse con el mismo cuidado que el escaparate o la web.
Para nosotros, personalizar empieza por entender qué necesita el negocio: qué producto va a llevar, cuánto pesa, cómo se entrega y qué imagen quiere transmitir. A partir de ahí tienen sentido el material, el formato y el diseño.
Una bolsa cómoda, resistente y bonita puede seguir utilizándose y dar nuevas ocasiones de visibilidad a la marca. La clave es que tenga utilidad para quien la recibe. Si la guarda y vuelve a usarla, el mensaje continúa.
Trabajáis con mujeres en riesgo de exclusión social y con personas con discapacidad intelectual en la confección y manipulado de vuestras bolsas, y en 2021 fuisteis la primera empresa en España en ofrecer atención al cliente en lengua de signos. ¿Cómo se construye, día a día, una empresa donde la inclusión no es una campaña sino parte del proceso productivo?
Se construye tomando decisiones concretas sobre con quién trabajas y cómo haces las cosas. Una parte de nuestras bolsas y cajas se elabora con la participación de personas con discapacidad intelectual, y parte de nuestras bolsas de tela está fabricada por mujeres con dificultades de acceso al empleo.
Son decisiones que se traducen en trabajo y en los productos que reciben nuestros clientes. La inclusión tiene continuidad cuando forma parte de los pedidos y de las relaciones con quienes los hacen posibles.
La accesibilidad también forma parte de esa mirada. Desde 2021 ofrecemos atención al cliente en lengua de signos. Nuestro compañero Eloy puede atender por esa vía, y eso permite que una persona sorda consulte, explique lo que necesita y reciba asesoramiento directamente.
Obtuvisteis la certificación B Corp con 106,9 puntos, muy por encima del mínimo. ¿Qué significa para vosotros ser B Corp en el día a día y qué cambió (o se reforzó) dentro de la empresa tras ese proceso de más de un año de análisis?
Obtuvimos la certificación B Corp en 2023 con 106,9 puntos. Nos hizo mucha ilusión porque puso una evaluación externa detrás de compromisos que eran importantes para nosotros.
El proceso invita a mirar toda la empresa: las personas, las compras, la gestión, el entorno y la relación con los clientes. También a preguntarte qué puedes demostrar y qué debes mejorar. Reforzó la importancia de respaldar nuestros compromisos con información y de seguir revisando cómo trabajamos.
En el día a día, para nosotros significa tener presentes esas consecuencias al decidir. La viabilidad económica importa muchísimo: necesitamos una empresa que funcione para sostener el empleo y las colaboraciones. Nuestro propósito tiene que caber en la gestión cotidiana, también cuando hay dificultades.
En un mercado donde «sostenible» se ha convertido en una palabra gastada y a veces vacía, ¿cómo distinguís lo que realmente lo es de lo que solo lo parece, y cómo lo trasladáis a vuestros clientes cuando toca elegir materiales?
Haciendo preguntas. Que un material tenga aspecto natural o lleve una etiqueta verde aporta poca información por sí solo. Hay que saber su composición, su origen, cómo se va a utilizar y qué opciones existen cuando termine su vida útil.
Al elegir packaging, empezamos por la necesidad. ¿Hace falta ese tamaño? ¿Debe resistir muchos usos? ¿Podemos evitar elementos innecesarios? ¿Qué información respalda las características que estamos comunicando?
Tampoco todos nuestros productos tienen las mismas propiedades o certificaciones. Preferimos explicar cada opción con precisión. El cliente necesita entender qué está comprando y por qué puede encajar en su negocio.
Fabricar 100% en España, con materiales responsables (papel, algodón orgánico, cáñamo, tejidos reciclados) y tintas ecológicas al agua encarece el producto frente a alternativas convencionales. ¿Qué retos os habéis encontrado para hacer viable ese modelo y cómo los habéis ido superando?
Uno de los retos es que el cliente pueda comparar con toda la información. Dos bolsas que se parecen en una fotografía pueden tener diferencias importantes en resistencia, fabricación, acabados o servicio.
Apostar por producción de proximidad y colaboraciones con impacto social exige cuidar los costes y organizar bien cada pedido. También ofrecer opciones que encajen en distintos presupuestos. El origen y las características deben concretarse para cada producto.
Hemos aprendido que el propósito necesita una gestión rigurosa. Elegir un formato adecuado, ajustar cantidades y evitar compras que luego no se utilizan puede ayudar al cliente y a la empresa. Queremos ofrecer un packaging que funcione, a un precio que permita sostener el trabajo que hay detrás.
El packaging vive un momento de transformación: normativa europea contra el plástico de un solo uso, exigencia creciente del consumidor, presión por reducir residuos. ¿Cómo estáis viviendo ese cambio desde dentro y qué papel creéis que va a jugar el embalaje sostenible en los próximos años?
La conversación se está haciendo más concreta. Además de preguntar por el material, las empresas necesitan entender la composición, la documentación y lo que ocurre con el embalaje después de su uso.
El Reglamento europeo de envases y residuos de envases, PPWR, refuerza la atención sobre la reducción de residuos, la reciclabilidad y la reutilización. Eso obliga al sector a revisar productos y decisiones con más detalle.
Creemos que el packaging de los próximos años tendrá que justificar mejor su función: proteger adecuadamente, utilizar el material necesario y facilitar la gestión posterior. Para Bolsalea, el reto es acompañar a las empresas en esas elecciones con información clara y soluciones prácticas.
¿Qué consejo daríais a quienes están empezando a emprender con propósito, especialmente a quienes lo hacen desde sectores tradicionales donde el impacto no se da por hecho?
Que empiecen resolviendo una necesidad concreta y hagan números desde el principio. El propósito puede darte una dirección muy clara, pero el cliente también necesita calidad, servicio y un producto que le resulte útil.
Les diría que elijan compromisos que puedan sostener. Es mejor avanzar con decisiones concretas que prometer algo enorme que luego resulte difícil cumplir.
Y que cuiden las relaciones. En un sector tradicional puedes encontrar proveedores, colaboradores y clientes con ganas de hacer las cosas de otra manera. Escucharlos y trabajar bien con ellos ayuda mucho a construir el proyecto.
¿Qué os inspira en el día a día para seguir adelante después de más de 17 años apostando por este modelo?
Nos inspira ver que seguimos siendo útiles. Que un cliente vuelva porque le hemos atendido bien, que una bolsa se siga utilizando o que una colaboración genere trabajo.
También el equipo. Una empresa pequeña vive de muchas cosas que apenas se ven desde fuera: escuchar una duda, resolver un imprevisto, revisar un diseño y estar cuando el cliente necesita ayuda.
Después de tantos años hemos tenido que aprender, cambiar y replantearnos decisiones. Nos mueve seguir construyendo una empresa de la que podamos sentirnos orgullosos por lo que ofrece y por cómo trabaja.
¿Nos compartís una frase o mantra que os represente como marca?
«Nos importa lo que hacemos y cómo lo hacemos».
Queremos que nuestras bolsas ayuden a otras empresas a presentar su marca. Y nos importa cómo llegamos a ese resultado: los materiales que elegimos, las personas que participan y la atención que damos a cada cliente.
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