Renovables en Baleares 2026: cómo las islas se han puesto a la cabeza de la transición energética

Cuando pensamos en Baleares, pensamos en playas, turismo y sol. Ese mismo sol que llena las calas en verano se ha convertido en el centro de una de las transformaciones energéticas más avanzadas de España. Porque las islas tienen un punto de partida difícil que las ha obligado a espabilar antes que nadie: son sistemas eléctricos aislados, con una conexión limitada con la Península, que históricamente han dependido casi por completo de combustibles fósiles importados por barco.
Ese punto de partida, aparentemente desfavorable, ha empujado a Baleares a moverse rápido. Y en 2026, el archipiélago no solo ha acelerado: ha superado los objetivos que había pactado con Europa y ha estrenado un modelo de financiación de renovables que ya está marcando el camino al resto del país. Repasamos qué está pasando y por qué es relevante mucho más allá de las islas.
Los datos: una cuarta parte de la potencia ya es renovable
Empecemos por las cifras. En 2025, Baleares incrementó su potencia renovable instalada un 10,1 %, pasando de 541 a 596 MW, según el Informe del Sistema Eléctrico 2025 de Red Eléctrica. Con ese salto, las renovables ya representan prácticamente la cuarta parte (24,4 %) de la potencia total del archipiélago, y la inmensa mayoría de esa capacidad es solar fotovoltaica.
En términos de generación, las renovables produjeron 649 GWh en 2025, el 13,6 % de la electricidad de las islas. Si se incluye el autoconsumo (que en Baleares ya suma 205 MW instalados, el 95 % de origen solar), la cuota renovable asciende al 17,6 %. Y hay momentos récord: el domingo 30 de marzo de 2025, la generación renovable alcanzó el 25,3 % del mix balear en un solo día, un máximo histórico.
Son cifras que todavía dejan mucho margen (el ciclo combinado de gas sigue liderando el mix con el 62 %), pero la tendencia es inequívoca y el ritmo, acelerado.
Baleares ya ha cumplido con Europa (antes de tiempo)
Aquí viene el dato que cambia la conversación. En mayo de 2026, el Govern balear anunció que las islas habían cumplido antes de tiempo los compromisos de transición energética adquiridos con la Unión Europea, y que se preparaban para fijar nuevas metas más ambiciosas.
El archipiélago ha ejecutado ya más de 53 millones de euros del Plan de Inversiones para la Transición Energética de las Illes Balears (PITEIB), con más de 5.000 expedientes abonados y más de 40 MW de nueva potencia renovable instalada. Estos datos, comunicados oficialmente al IDAE, sitúan a Baleares entre las comunidades autónomas con mayor grado de ejecución de fondos vinculados a la descarbonización. Para un territorio insular con las limitaciones de espacio y red que tiene, es un logro notable.
La ley que ha convertido a Baleares en pionera
Pero lo verdaderamente singular de Baleares no son solo los megavatios: es cómo se están financiando. Y aquí es donde el archipiélago se ha adelantado a toda España.
El Artículo 49 de la Ley Balear de Cambio Climático (Ley 13/2023) obliga a reservar el 20 % de la financiación de cualquier instalación renovable superior a 5 MW a inversores locales. Es decir: por ley, una parte de cada gran proyecto solar o eólico que se construye en las islas tiene que estar abierta a que los propios residentes participen económicamente en él y se beneficien de su rentabilidad.
Es una norma pionera, diseñada para resolver una tensión real: la de que grandes proyectos renovables ocupen suelo de un territorio sin que la población local reciba nada a cambio salvo el impacto paisajístico. La ley balear le da la vuelta a esa lógica y convierte a los vecinos en coinversores.
Y el modelo ha dejado de ser solo balear. El Real Decreto-ley 7/2026, aprobado en marzo de 2026, obliga por primera vez a escala estatal a los productores renovables a trasladar parte de los beneficios de sus proyectos a las comunidades locales próximas, y reconoce explícitamente el crowdlending y el crowdfunding como mecanismos válidos para hacerlo. Lo que Baleares probó primero, ahora empieza a extenderse a todo el país.
De la teoría a la práctica: los proyectos que ya funcionan
¿Cómo se materializa todo esto? Con proyectos reales. En Fundeen llevamos años financiando instalaciones solares en Mallorca a través de la coinversión ciudadana, y los proyectos baleares se han convertido en algunos de los mejores ejemplos de este modelo. El caso más destacado es Cap Blanc, una planta solar de 44 MWp en Llucmajor promovida por Mirova (gestora del grupo Natixis). Con un objetivo de financiación de cinco millones de euros, es la mayor coinversión ciudadana en un proyecto solar de la historia de España.
Cap Blanc es también la primera gran aplicación de la ley balear a esta escala: durante los primeros diez días, el acceso a la inversión estuvo reservado en exclusiva a los residentes de Llucmajor y Baleares, en cumplimiento del Artículo 49. Antes incluso de abrir al resto del país, cerca de 200 residentes en el archipiélago ya habían reservado su participación. La coinversión se estructuró como un préstamo a tipo fijo del 7 % anual a cinco años, con garantía corporativa que cubre el 100 % del principal e intereses.
Pero Cap Blanc no llega sin historia detrás. Fundeen ha financiado varios proyectos renovables en Mallorca con participación ciudadana: el Portfolio Solar Son Vent, que reunió a 117 inversores; o el Portfolio Solar Sunyer-Andrevas, en el que 288 personas canalizaron más de 1,6 millones de euros. Más recientemente, proyectos como Can Cerdó II (una planta solar con baterías de 5,61 MWp promovida por Enerparc) han incorporado también almacenamiento, la siguiente pieza clave del sistema eléctrico insular.
Y el modelo sigue creciendo. Próximamente, Fundeen abrirá dos nuevos proyectos solares en Mallorca, de nuevo junto a Enerparc, una de las mayores desarrolladoras solares del mundo: Torrenova, en Sant Llorenç des Cardassar, que combina energía solar con almacenamiento en baterías; y Llucmajor, un portfolio de dos plantas solares que suman 25,65 MWp. Ambos volverán a dar prioridad de acceso a los residentes de Baleares, en línea con la ley balear, y estarán disponibles próximamente en la plataforma.
¿Por qué esto importa aunque no vivas en Baleares?
Porque Baleares va por delante en algo que tarde o temprano llegará a toda España, y a buena parte de Europa. Las islas afrontan, de forma más intensa y adelantada, los mismos retos que el sistema peninsular: la necesidad de integrar mucha energía solar, la importancia del almacenamiento para gestionar los excedentes, y la búsqueda de un modelo en el que las comunidades locales no solo soporten los proyectos, sino que participen de sus beneficios.
El modelo de coinversión que la ley balear impulsó y que el Real Decreto-ley 7/2026 ha llevado al plano estatal responde precisamente a esa última cuestión. Es un cambio de paradigma: de un modelo en el que las renovables las financiaban grandes fondos y bancos, a uno en el que cualquier ciudadano puede participar en la financiación de un proyecto real desde 500 euros, obtener una rentabilidad y, al mismo tiempo, contribuir a la transición energética de su entorno.
Baleares ha demostrado que ese modelo funciona. Y lo que funciona en las islas tiende, tarde o temprano, a extenderse al resto. Si quieres conocer cómo participar en proyectos de energía renovable, puedes consultar las oportunidades de inversión disponibles en Fundeen.
Baleares se ha puesto en 2026 a la cabeza de la transición energética española: ha superado sus objetivos con Europa, la solar lidera su crecimiento renovable y, sobre todo, ha estrenado un modelo pionero de participación ciudadana en la financiación de proyectos que ahora empieza a replicarse en toda España. Un archipiélago que dependía del petróleo importado por barco está enseñando al resto del país cómo puede ser una transición energética más justa y más participativa.
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